Boletín 7: Encuentro en Panamá de Biofin permite debatir en torno al costeo de los Planes de Acción de Estrategias Nacionales de Biodiversidad

¿Cómo costear los Planes de Acción incluidos en cada una de las Estrategias Nacionales de Biodiversidad (ENB)? Esta fue la pregunta clave que motivó el diálogo y el trabajo de los siete países participantes de la reunión técnica de equipos Biofin de América Latina, realizada a fines de noviembre en Panamá.

En la ocasión se reunieron representantes de los equipos de México, Costa Rica, Guatemala, Colombia, Ecuador, Perú y Chile. El objetivo fue identificar soluciones prácticas para concluir con el proceso de costeo de las ENB con un producto útil para los gobiernos y para BIOFIN, a través de la propuesta de una hoja de ruta clara para cada país, con fechas definidas para su conclusión.

“Los equipos Biofin tenemos el reto de entregar el costeo de los Planes de Acción de las ENB, aun cuando su estructura no sea apropiada para esto o, más complejo todavía, haya una ausencia de estos planes. Además tenemos limitaciones a raíz de la metodología propuesta por Biofin y la posibilidad de aplicarla en el contexto nacional de cada país, por eso esta reunión técnica nos permitió discutir en torno a estos problemas” sostuvo el Consultor PNUD, Leonel Tapia, quien participó del taller en Panamá y narra aquí parte de esta experiencia.

– ¿Cómo se encuentra el resto de los países de la región en torno a este costeo?

Todos los países enfrentan dificultades prácticas y conceptuales en la aplicación de la metodología Biofin que no son de fácil resolución.  Hay temas como la estimación del gasto que puede ser significativamente más fácil si los países disponen de cuentas ambientales, como es el caso de México y Ecuador.  En caso contrario, se torna más complejo, pues la estructura presupuestaria del Estado no es homologable a los programas y políticas públicas asociadas a biodiversidad, como es el caso de Perú y el nuestro también.

-Entonces ¿cómo ha avanzado nuestro país en esta tarea?

Chile dispone de un equipo consolidado con productos y avances significativos en los tres libros requeridos por la metodología Biofin.  Nuestro país ha realizado una contribución importante al fortalecimiento de este proceso al incorporar definiciones conceptuales normalizadas, siguiendo los estándares del PNUD y de la OCDE. Además ha precisado los estándares internacionales aplicables al análisis del gasto en biodiversidad (EUROSTAT, 2001; OCDE, 2007 y SCAE, 2012), particularmente respecto a la clasificación de actividades de protección ambiental (CAPA).

-Finalmente, en este taller de Panamá ¿lograron acordar algunos criterios?

Primero es importante señalar que estos talleres son útiles en la medida que permiten una discusión técnica sobre los alcances y restricciones que tiene la aplicación de la metodología Biofin.  Como región esto era un tema pendiente en la medida que el Manual propone criterios generales, pero no desarrolló una metodología pertinente para su aplicación en el sector público.  El trabajo colectivo nos permitió compartir aproximaciones y ajustes metodológicos, así como tomar decisiones respecto a la forma de avanzar en la institucionalización de los productos derivados de la implementación del Biofin.