Boletín 13: Cómo el cambio en el uso del suelo impacta en la Biodiversidad de nuestro país

El pasado 07 de julio se conmemoró en algunos países el Día de la Conservación del Suelo, con un llamado a reflexionar sobre la importancia fundamental de éstos en los ecosistemas terrestres. Es tal su relevancia, que el 2015 fue destacado por la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), como el Año Internacional de los Suelos.

Han sido incorporados también en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), particularmente en el N° 15 que señala como meta “para el año 2030, luchar contra la desertificación, rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificación, la sequía y las inundaciones, y procurar lograr un mundo con una degradación neutra del suelo”.

Dependemos de los suelos

Infografía de FAO 2015, correspondiente al Año Internacional del Suelo (pincha para ampliar)

Chile, al igual que los países miembros de la ONU, adscribió a los ODS, comprometiéndose hacer los esfuerzos por cumplir con ellos. Pero ¿cómo es la situación actual del suelo en nuestro país? De acuerdo al Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN, 2010), el 49% del suelo total disponible en Chile, presenta algún tipo de erosión. Esto significa que 36,8 millones de hectáreas tiene algún tipo de desgaste en su cubierta.

Es más: las alteraciones que se han ocasionado en los ecosistemas terrestres de nuestro país, tienen como principal factor antrópico, el cambio en el uso del suelo (Ministerio de Medio Ambiente, 2015). A esto han contribuido actividades económicas que han ido a la par con el crecimiento y desarrollo de nuestro país, como son la expansión de la actividad forestal, la intensificación de la actividad agrícola y la urbanización.

EXPANSIÓN FORESTAL

El crecimiento de la actividad forestal en Chile ha ejercido presión sobre su biodiversidad, tanto a nivel de especies (monocultivos) como al desgaste y modificación de los suelos. Esta presión se relaciona principalmente con la expansión de plantaciones y con explotaciones de madera nativa.

Respecto de la primera, su fuerte crecimiento ha sido propiciado por el Programa de Bonificación Forestal impulsado por la promulgación del D.L.701 (1974) y administrado por la Corporación Nacional Forestal (CONAF). Centrada en especies exóticas (pino y eucaliptus), la actividad forestal se expandió a partir de la entrega de bonificaciones a propietarios, concentrándose entre las regiones del Maule y de Los Lagos.

El gran impacto que ha tenido el Programa de Bonificación Forestal en esta industria, contrasta a la vez con su fuerte impacto negativo en biodiversidad. De acuerdo con el Ministerio de Medio Ambiente (2014), en el periodo 1999 – 2011, la superficie de plantaciones forestales aumentó en aproximadamente un 40%. De las plantaciones nuevas (entre los años 1975 a 1990), casi el 42% y el 23% (1990-2007) de ellas, fue en reemplazo de bosques nativos secundarios.

Suelos y Bosques

Infografía de FAO 2015, correspondiente al Año Internacional del Suelo (pincha para ampliar)

Respecto a la explotación forestal de madera nativa, ésta tuvo un crecimiento muy importante previo a la década de los ‘90, registrando un peak en 1995, con el consumo industrial de 3 millones de m3 de madera.

Cabe precisar que en diciembre de 2012 expiró la vigencia del sistema de incentivos que contemplaba el artículo 12º del DL 701, una señal positiva en términos de la presión que ejerce esta actividad sobre la biodiversidad. Esto se suma a la entrada en vigencia de la Ley sobre Recuperación del Bosque Nativo y Fomento Forestal (2008), que, en lo relacionado con explotaciones forestales de bosque nativo, establece que deberán hacerse solo en forma posterior a la aprobación de un Plan de Manejo por parte de CONAF, con una “fundada justificación técnica de los métodos de corta que se utilizarán, así como de las medidas que se adoptarán con los objetivos de proteger los suelos, la calidad y cantidad de los caudales de los cursos de agua y la conservación de la diversidad biológica de las medidas de prevención y combate de  incendios forestales” (Chile, 2008).

Otro avance positivo, es el que proviene del sector privado, a partir de la adhesión a sistemas de certificación ambiental, y que entre sus componentes consideran la obligatoriedad de realizar manejo sustentable de los recursos naturales asociados a las plantaciones, de manera que los ecosistemas nativos sean protegidos y se minimicen los efectos adversos sobre la biodiversidad. De acuerdo a datos de la Corporación Chilena de la Madera (CORMA, 2016) el 70% de las plantaciones forestales nacionales actuales se encuentra certificada.

INTENSIFICACIÓN AGRÍCOLA

Otro elemento que constituye un factor de presión sobre la biodiversidad en nuestro país, es el sector silvoagropecuario, el que ha tenido una gran expansión en las últimas décadas. Sus implicancias se evidencian en el despeje de las cubiertas vegetales nativas para el establecimiento de pastizales y cultivos.

En el caso de la agricultura es relevante la expansión de la frontera agrícola generada por: cultivos de paltos, cuya superficie al 2015 supera en un 265% la superficie original que el cultivo presentaba a 1990; y el área de viñedos, que en 2014 había aumentado un 38% respecto de la superficie que ocupaba en 1976, de acuerdo con la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA, 2009) y el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG, 2014).

El crecimiento en superficie de ambos frutales, se habría producido a costa de los últimos parches de ecosistemas mediterráneos -remanentes- que han quedado confinados a cerros isla y sin conexión entre ellos. Esta expansión, además, se produce en muchas ocasiones sobre suelos, originalmente con baja aptitud agrícola y con pendientes pronunciadas.

Suelos y BD cuadrado

Infografía de FAO 2015, correspondiente al Año Internacional del Suelo (pincha para ampliar)

Respecto a medidas que mitiguen este impacto negativo en la biodiversidad, el sector agrícola no presenta prácticas generalizadas que favorezcan su conservación y uso sustentable. Sin embargo, a nivel puntual destacan: la producción orgánica junto con la incorporación de la dimensión ambiental y de consideraciones en biodiversidad que existen en la industria vitivinícola.

PRESIÓN DE LAS CIUDADES

Aunque constituye -con mucha distancia- el tipo de uso con menos superficie en el país, el uso de suelo urbano ha experimentado crecimientos importantes: desde 112 mil hectáreas dedicadas en 1984, a más de 277 mil en 2007; es decir, ha aumentado en 165 mil hectáreas en ese periodo, crecimiento que equivale al 247% de la superficie del año base (1984).

Según cifras del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (2007) en promedio, las ciudades mayores a 15 mil habitantes han crecido un 30%, entre 1993 y 2003. Esto se relaciona con el crecimiento demográfico sostenido y las políticas de urbanización implementadas en el país desde finales de la década del ’70.

De acuerdo con PNUD-MINVU (2012), la Política Urbana (1979) estaba orientada a asegurar el funcionamiento de un eficiente mercado de la tierra urbana, la planificación de los recursos públicos y el establecimiento de normas de urbanismo y construcción claros e iguales para todos los habitantes. En términos del uso de suelo, establecía que: el suelo urbano no es un recurso escaso, su uso queda definido por su mayor rentabilidad y que debe regirse por disposiciones flexibles, definidas por los requerimientos del mercado.

APORTE DEL SUELO

Frente a este panorama, los desafíos que tiene nuestro país en términos de restaurar y proteger sus suelos constituyen un desafío mayor. Sobre todo, considerando que ellos son uno de los ecosistemas más complejos y uno de los hábitats más diversos de la tierra: alberga una infinidad de organismos diferentes que interactúan entre sí y contribuyen a los ciclos globales que hacen posible la vida. No hay ningún lugar de la naturaleza con una mayor concentración de especies que los suelos; sin embargo, esta biodiversidad apenas se conoce al estar bajo tierra y ser, en gran medida, invisible para el ojo humano (FAO, 2015).

Junto con almacenar y filtrar agua, los suelos son clave en la provisión de alimentos y en la subsistencia de la vida. Su capacidad de absorción de carbono es además una contribución esencial a la mitigación del cambio climático. Ellos constituyen la base de la vegetación que se cultiva para la producción de forraje, fibras, combustibles y productos medicinales.

Su rol es fundamental para la subsistencia de la vida y, sin embargo, se estima que a nivel mundial un tercio de la cubierta terrestre ya está degradada, cifra que en nuestro país alcanza la mitad de su superficie. Los suelos albergan una cuarta parte de la biodiversidad de nuestro planeta y su conservación es esencial para nuestro desarrollo sostenible.

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