Boletín 14: Cómo la actividad pesquera y acuícola incide en nuestros ecosistemas

pesca-portadaCon sus más de cuatro mil kilómetros de litoral, Chile cuenta con uno de los ecosistemas marinos más ricos del mundo. Sus condiciones de alta productividad son propiciadas por la Corriente de Humboldt, que integra una variedad de ecosistemas costeros que van desde la costa desierta en el norte, hasta los canales y glaciares del sur. Este sistema ha sido nominado como una de las 200 ecoregiones prioritarias de conservación a nivel global por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

La relevancia de nuestro mar ha sido destacada desde el Ministerio de Medio Ambiente, institución que recientemente creó el Consejo de Ministros para el Desarrollo de la Política Oceánica, cuyo objetivo es proponer a la Presidenta Michelle Bachelet, la Política Oceánica Nacional: un conjunto de orientaciones, alcances, prioridades, intereses e institucionalidad en materia oceánica. El día que se creó este Consejo, se oficializó también la creación del Parque Marino Nazca-Desventuradas, que protege una superficie de 300 mil km2 en torno a las islas San Félix y San Ambrosio, transformándose en el parque marino más grande de América.

La presencia del mar es parte de la identidad de Chile y está ligada a su historia, su cultura y también a su actividad económica. Desde las balsas de totora, de tronco de árbol o piraguas de nuestros pueblos aborígenes; pasando por la Colonia y el alza del consumo de productos del mar durante los periodos religiosos de cuaresma y adviento en Santiago; o, durante los siglos XVIII y XIX, con la caza de ballenas por parte de ingleses que llegaban a nuestras costas, nuestro mar se caracterizaba por tal abundancia de especies que la pesca artesanal se transformó en el sustento de miles de familias a lo largo de nuestras costas.

La productividad de nuestro mar es un gran aliciente para el desarrollo de la industria pesquera, la que ejerce fuertes presiones sobre los ecosistemas marinos, al explotar sus especies, tanto de manera artesanal como industrial. Nuestro país es el octavo productor pesquero más importante del planeta y, aunque el aporte de este sector a la economía nacional global ha representado sólo el 0,4% del PIB 2008 – 2014, la actividad pesquera otorga empleo a más de 94 mil pescadores artesanales en las costas del país.

PRESIONES A LA BIODIVERSIDAD

pescaSegún explica el informe “Políticas y prácticas impulsoras de cambios en el estado de la Biodiversidad y sus servicios ecosistémicos en Chile” * , los datos de Subpesca (2015) muestran que: de las 38 principales pesquerías nacionales, 8 se consideran agotadas; 8 califican en estado de sobreexplotación y 22 se encuentran en estado de plena explotación o asimiladas a este estado. Es decir, 16 pesquerías a nivel nacional se explotan actualmente por sobre umbrales biológicos sustentables en el largo plazo y 22 de ellas están cercanas a superar sus umbrales.

Al respecto, destaca el caso de la merluza común, la que podría salir de su colapso recién en doce años más. Uno de los factores que incide fuertemente en esta situación, es la pesca ilegal: de cada cuatro merluzas que se comercializan en el país, tres son de origen ilegal. Se estima que solamente en el Terminal Pesquero Metropolitano se transan cada año cerca de 5 millones de dólares en distintos tipos de productos obtenidos a través del mercado negro.

Por otro lado, una industria que ha crecido permanentemente en la última década en Chile es la de salmones: somos el segundo productor mundial de esta especie que se cultiva en el sur de nuestro país, tanto en ambientes de agua dulce como marinos. Pese a que la información disponible aún es limitada, una de las presiones negativas a la biodiversidad en esta industria, surge a raíz de uso de antimicrobianos, entre ellos, el florfenicol y la oxitetraciclina. El principal productor mundial salmónidos, Noruega, utiliza una cantidad de antimicrobianos inferior al 0,2%, de los usados por esta industria en nuestro país. Dentro de los impactos que tendría el uso de estos antibióticos figuran: el consumo que pueden realizar especies silvestres; la resistencia que podría generar su uso en los agentes patógenos; y, la alteración de los procesos biofisicoquímicos de los sedimentos de las zonas de cultivos.

Otra presión a la biodiversidad es la relacionada con las especies exóticas invasoras, principalmente dedicada al cultivo de salmón del Atlántico, del Pacífico y el Chinook o Rey, además de la trucha Arcoíris, toda vez que se producen escapes masivos de los centros de cultivos (originados en accidentes, negligencia o eventos naturales) y producto del carácter carnívoro de estas especies.

Aunque poco numerosas, existen prácticas que afectan positivamente la biodiversidad de los ecosistemas marinos y costeros. En el ámbito público, se encuentran dos: el incremento de las Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AMERB), zonas exclusivas para pescadores artesanales organizados para manejar y extraer los recursos marinos; y las modificaciones incorporadas a la Ley N° 18.892 General de Pesca y Acuicultura, que explicitan la conservación y el uso sustentable de los recursos hidrobiológicos.

Respecto a iniciativas del sector privado, destaca la certificación de pesca sustentable a través de Marine Stewardship Council, programa que busca que los productos del mar sean trazables y fruto de prácticas sostenibles y responsables.  A esta iniciativa se han acogido: pescadores licenciados del Archipiélago Juan Fernández Toralla de Chonchi, quienes ya están certificados; Pesquera Camanchaca Pesca Sur, y la Asociación de Industriales y Armadores Pesqueros de la IV Región, estos último en proceso de evaluación.

ACUERDOS POR CUMPLIR

En relación al ámbito marino, dentro de los acuerdos suscritos internacionalmente por nuestro país, el Quinto Informe Nacional de Biodiversidad de Chile, declara con tendencia a la baja el cumplimiento de la Meta 6 de Aichi, referida a la cosecha sostenible y al compromiso de evitar la pesca excesiva. “El análisis muestra cambios evidentes en el estado de las pesquerías de algunas especies, las que han pasado desde un estado de plena explotación, a un estado agotado o colapsado, producto tanto de la pesca como de un diagnóstico más certero en la actualidad, respecto de la situación de los stocks” (Ministerio del Medio Ambiente, 2014).

Otro compromiso adquirido son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), acuerdo al que suscribió nuestro país junto con otras 192 naciones. El ODS 14 demanda explícitamente “conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible”. De esta manera, nuestro país se comprometió al 2020: gestionar y proteger de manera sostenible los ecosistemas marinos y costeros con miras a evitar efectos nocivos importantes; reglamentar eficazmente la explotación pesquera y poner fin a la pesca excesiva y no reglamentada; y conservar por lo menos el 10% de las zonas costeras y marinas, entre otros. Con estos desafíos, resulta primordial fortalecer la educación y sensibilizar para la conservación de la biodiversidad de los ecosistemas marinos de nuestro país.

*Elaborado por Esteban Delgado Altamirano, encargado de Planificación y Biodiversidad de Biofin.